Cuando la polĂ­tica de BolĂ­var se revuelca entre la sangre y la brutalidad

Algunos polĂ­ticos de BolĂ­var se caracterizan por sus escasas habilidades intelectuales o, dicho de otra forma, por ser grandes ignorantes. Perdonen ustedes la agresividad del tono, pero de ellos rara vez se escucha algo valioso que aportar. Son pocas las excepciones: Yamilito y Dumek.

El resto acumula, entre sus carencias, la falta de una oratoria decente, proyectos bien ejecutados, propuestas sĂłlidas y, mucho menos, una imagen que sirva para apalancar el desarrollo de sus electores.

La enfermedad del “polĂ­tico con atrofia cerebral” aumenta, segĂșn los Ă­ndices de morbilidad, en cada periodo electoral. Una vez elegidos, se convierten en ciudadanos del primer mundo: centristas, capitalinos, con auras de cosmopolitas que desaparecen cuando necesitan que los mĂĄs pobres —y, segĂșn ellos, los mĂĄs ignorantes— los elijan como opciĂłn para acceder a cupos indicativos, camionetas blindadas y esquemas de seguridad.

El ejemplo mĂĄs claro se presenta cuando se realizan corralejas en municipios de BolĂ­var.

AndrĂ©s Montes, Juliana Aray, Mayerlis Angarita, Edgar Espitia, Nadia Blel, Alonso del RĂ­o, Jocho Ardila, Deivis GarcĂ­a, MarĂ­a Paula Caballero y otros “unineuronales” osan financiar, al menos en parte, estas corralejas: verdaderos centros de matanza de toros, donde se termina afectando a un animal que, por su naturaleza, puede ser bravo, pero que no deja de ser un ser vivo, ajeno al hecho de que un grupo de descerebrados aporta millones para que otros descerebrados —pero pobres— lo maten con lo que tengan a mano. La idea es saciar la diversiĂłn a punta de sangre.

Los Ășnicos muertos “buenos” que deja una corraleja son aquellos a quienes el toro cornea. Un ejercicio interesante serĂ­a que esos polĂ­ticos que financian corralejas con dinero de origen desconocido terminen en un ruedo, perseguidos por un toro bravo, para ver cĂłmo se defienden.

Cierren los ojos e intenten imaginar a Nadia Blel, MarĂ­a Paula Caballero y AndrĂ©s Montes —por mencionar solo algunos— en medio de un solar, rodeados de personas pobres subidas sobre un montĂłn de madera vieja y deformada. SerĂ­a un ejercicio con fines netamente acadĂ©micos y sociolĂłgicos. ÂżCĂłmo reaccionarĂ­an?

Les dejo la inquietud y ojalĂĄ no voten por nadie que se atreva a maltratar animales o apoyar su maltrato.